Publicado el Lunes, 21 de Julio del 2008 por
Elisa I. Mellado
“Hay una isla en el mar, no lejos de las islas afortunadas de Zarathustra, en la cual humea constantemente una montaña
de fuego; de aquella isla, dice el pueblo, y especialmente las mujeres viejas, que está colocada como un peñasco delante de la puerta del submundo; y que a través de la montaña de fuego desciende el angosto sendero que conduce hasta esa puerta del submundo” (“Así habló Zarathustra” (1.885), de Friedrich Nietzshe.
En el Atlántico, frente a las costas del Sahara, muy cerca del Trópico de Cáncer, se encuentra Tenerife. Emerge del fondo del Océano como una imponente pirámide a la deriva. Son muchas las leyendas e historias sobre el archipiélago, y en concreto a esta hermosa Isla. Destaco algunas que los clásicos citan, como la que cuenta Platón:” que la parte que quedó del fabuloso continente de Atlántida, tragado por el Océano en un terrible cataclismo…”.Otra referencia la hace Homero que la describió en el Libro IV de La Odisea: “dónde los dioses viven y pasan los hombres una vida dulce y tranquila…” Hesíodo situó El Jardín de las Hespérides y Píndalo las llamó Islas Bienaventuradas. Plinio en sus textos la nombra Nivaria, debido a su enorme montaña nevada.
La etimología de Tenerife deriva de la lengua de sus antiguos habitantes, los guanches, según consta en documentos del siglo XVII: TENER = nieve IFE= monte alto, por lo que se deduce: MONTEBLANCO por la cima nevada del Pico del Teide, gran cono volcánico con 3.718 metros de altitud, siendo el pico más alto de España.
Como anécdota. El primer hombre que viajó a la Luna, en la literatura moderna, lo hizo desde el Pico del Teide. Era el sevillano Domingo González, héroe del relato de Francis Goldwin “Un hombre en la Luna”, y el novelado suceso ocurrió en el año 1.600.
Hace unos meses tuve la ocasión de viajar nuevamente a esta hermosa isla. A pesar del tiempo transcurrido, cumplí la promesa que hice en aquél entonces cuando partí. He podido comprobar que aún es más bella, ha crecido y ha evolucionado su demografía e industria. Todo ello sin perder su peculiaridad, sus tradiciones históricas que constituye su mayor orgullo. Su gente, amables y hospitalarias, de fácil comunicación, enseguida traban conversación con el foráneo; ello caracteriza y honra a los “chicharreros”, me entusiasma escuchar su melodioso tono al hablar.
He disfrutado de sus paisajes y los recuerdos que marcaron la época colonial. Cada rincón posee un poco de historia, desde el litoral hasta los pueblos del interior y sus Parques Nacionales. Tenerife cuenta con 43 espacios protegidos, lo que significa que el 42% del territorio está protegido. El encanto está en su diversidad, los contrastes: el Norte vestido con su verdor permanente, el Sur lo inhóspito de su entorno: las coladas basálticas que originaron grandes paredes acantiladas como “Los Gigantes” o “Punta de Teno”, a la vez, contrasta la zona turística de Playa de las Américas o de Los Cristianos. En el centro, el espectacular paisaje lunar con sus increíbles colores cromáticos del terreno volcánico de Las Cañadas y la soledad que rodea al Teide. El gran historiador y escritor tinerfeño José Viera y Clavijo (1.731-1.813), en su época sentenció: “ el archipiélago es un auténtico laboratorio químico…”
En cuanto al clima, César Manrique (1.919-1.992) pintor, escultor, arquitecto, manifestó en una entrevista publicada por “La Voz” (1.992): “Disfrutamos del mejor clima del mundo. Nos hemos olvidado que tenemos los alisios del Atlántico y la corriente fría de las Canarias. Aquí tenemos un ventilador constante, maravilloso…”
“Pues bien, estamos ya en Santa Cruz de Tenerife; la ciudad que no es grande, se conoce pronto o no se conoce nunca”. Este párrafo corresponde a la escritora cubana Dulce María Loynaz, de su obra “Un verano en Tenerife” (1.988). La capital me sorprendió gratamente. Paseé por sus calles más típicas y comerciales: Castillo, de la Cruz Verde, Candelaria. Observé la extrema limpieza de la ciudad. Numerosos jardincillos y bonitas placitas abundan por doquier; cuidadas con esmero las muchas y variadas especies autóctonas y tropicales que florecen, todo un goce para la vista y el olfato. Una mirada hacia el cielo, puedes descubrir un color azul intenso y una especial luminosidad irradia en el ambiente. Como curiosidad: es la única ciudad, de las que conozco, dónde he podido contemplar el mayor museo de esculturas al aire libre.
Para conocer bien una ciudad, lo primordial es hacerse la idea de que hay que andar, para llegar hasta los más recónditos sitios: ahí está el encanto. Tenerife cuenta con anchas avenidas arboladas, de modo ordenado y las Ramblas: la del 25 de Julio, idea de Patricio Estevanez. Embellecida con esculturas de Honnegger y Miguel Martí, laureles de la India cobijan estas obras y unas sillas, distribuidas a lo largo del paseo, invitan al descanso contemplativo. La otra Rambla llamada del General Franco, con una longitud aproximada de unos 3 km. Es un apacible paseo escoltado por una treintena de modernas esculturas vanguardistas de diferentes autores, Sinceramente, he de confesar que no llegué al final, aquél atardecer el cansancio me venció.
Otros lugares, nuevos para mí, que tenía interés en conocer: el Parque Sanabria, donde pude admirar un sinfín de representaciones escultóricas, entre las que se cuentan las más vanguardistas y artísticas procedentes de la I Exposición Internacional de Esculturas en la calle (1.973), además de los esplendorosos jardines y fuentes. El otro, el espectacular Auditorio de Tenerife, obra del genial Santiago Calatrava, a orillas del Atlántico.
Uno de los muchos personajes que visitó Santa Cruz fue Sir Arthur Conan Doyle (1.959-1.930), el creador de “poco elemental Sherlock Holmes”. Fue en 1.881, entonces ejercía como médico a bordo del barco “Mayumba”. De esta forma describió su llegada:” La siguiente escala fue el puerto de Santa Cruz de Tenerife, importante en aquellos días por su comercio de cochinillas, un derivado de un insecto que se cría en un cactus. Al secarse sirve de tinte…”
Estar en Tenerife, también significa que hay que conocer el arraigo de sus famosos carnavales. El lugar idóneo se
encuentra cerca de la iglesia de la Concepción, la parte más vieja de la ciudad. Una serie de calles y pasajes pintorescos con viejas casas arregladas de mil colores y otros mil contrastes, tienen sus sedes algunas de las asociaciones y murgas carnavalescas. No pude resistir la tentación y entré en el Bar de la Murga Ni Fú Ni Fa. Un auténtico museo: en sus paredes cuelga una extraordinaria colección de carteles sobre el tema; algunos son una maravilla; además de otros objetos relativos a los carnavales. Sin recato, leí el Decálogo de esta Murga, anoté uno:” El humor es una afirmación de dignidad”.
Son muchos los pueblos y villas que tiene Tenerife, cada uno tiene su encanto.“Por consiguiente, si me equivoco alguna vez hablando de estas islas, sólo será de buena fe y de buena pasión, porque apasionadamente sabría yo hablar de ellas…” (Dulce María Loynaz, Un verano en Tenerife)
En la programación que hice para este viaje, anoté varios lugares que tenía interés en conocerlos. Uno de éstos era un pueblo que me llamó la atención por su historia: Garachico. Y hasta allí llegué. No me defraudó. Está situado en el extremo noroeste de la isla. Por encontrarse fuera de los circuitos turísticos habituales, es una zona llena de tradición y
rodeado por la naturaleza. Fue el principal puerto de la isla durante los siglos XVI y XVII, hasta que en el año 1.706 una erupción del volcán Trevejo, la lava arrasó gran parte de la villa, además de que “milagrosamente” no hubo víctimas. Así terminó su periodo dorado y floreciente. Se le llama “Villa gloriosa en su adversidad” tras las diversas catástrofes que la asolaron. Ahora es un encantador puerto de pescadores. Hice un recorrido por este pueblo, aún existen magnificas casonas, monumentos, y edificios del más puro estilo canario, con sus típicos balcones, y para orgullo de sus habitantes, el Castillo de San Miguel vigilante de la bahía de Garachico.
Aquí conocí las llamadas “piscinas naturales”. Es una original zona de baños formada por las caprichosas coladas (oquedades) que originó el magma al contactar con el agua del mar tras la erupción. Es conocida como “El Caletón”.
Güimar es otra villa por la que sentía una irresistible atracción, además, pocos turistas llegan hasta allí. Está situada en el
Este de la isla. El municipio comienza en el volcán de Arafo y acaba en el Barranco de Herques. La última erupción volcánica ocurrió en 1.704. Aquí se halla el Parque Etnográfico Pirámides de Güimar. Es un complejo de estructuras piramidales orientadas astronómicamente a los solsticios de verano e invierno. Estas construcciones escalonadas guardan una sorprendente similitud con las halladas en Egipto, Mesopotamia, Cerdeña, Sicilia, Sudamérica y otras partes del mundo.El impulsor del estudio de estas pirámides fue Thor Heyerdahl (1.914-2.002), explorador, investigador, antropólogo y escritor. Un autor que ha vendido más de 70 millones de libros. Su obra “La expedición de la Kon Kiti” (1.991) es el libro más vendido de la historia moderna. Fue el verdadero creador de este Parque y el Museo, que está instalado en la antigua “Casa Chacona”, restaurada, dónde vivió el poeta Arístides Hernández Mora, autor de “La verdad de mi locura”.
En 1.991, investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias, descubrieron que el complejo principal de las Pirámides de Güimar está orientado astronómicamente. Este complejo señala, por un lado, la puesta de Sol el día del solsticio de verano y, por otro, la salida del Sol el día del solsticio de invierno. Descubrieron también el fenómeno de la Doble puesta del Sol, el día del solsticio estival: el Sol se oculta primero tras un saliente de la caldera (*) de Pedro Gil, reaparece por un instante al superar dicho saliente y se oculta, finalmente, por el fondo de la caldera. (*) Caldera. Son depresiones que tienden al círculo: la consecuencia de la erosión o de una explosión volcánica.
Y por último otro lugar de gran belleza, e igualmente desconocido turísticamente, es Punta Hidalgo. Situado en el noroeste del litoral de Tenerife, a pocos kilómetros de La Laguna. Cuenta la leyenda que, cuando el mencey Tinerfe repartió entre sus nueve hijos la tierra insular, dejó a un décimo hijo ilegítimo, Zebensui, aquellas tierras que nadie quería. En estos tiempos quienes disfrutan de este lugar son los propios isleños, que alejados del mundanal ruido y del turismo gozan de este privilegio.
La plataforma de esta línea de costa está formada por coladas basálticas originadas en el Cuaternario, y cuenta con “piscinas naturales o charcos” La playa que baña esta zona, es de arena volcánica. Desde la orilla pude observar la braveza del mar, un Océano enfadado que enviaba las olas a chocar contra la arena negra de la orilla. El espectáculo era maravilloso por el contraste de la blanca espuma sobre el oscuro lecho. A quienes les guste contemplar el mar, este es el mejor sitio para el encuentro. Simplemente: es impresionante.
Un ¡Hasta pronto! Desde el Mirador de San Mateo, una estupenda panorámica: las plataneras, extensas en algunos puntos, llegan hasta la orilla, y algunos de los invernaderos en los que se cultivan flores tropicales. Más allá, el Océano.
“Y como, aunque las Canarias estén un poco retiradas y distantes de la vista de Vuestra Merced, no pueden creerse nunca olvidadas” (José Viera y Clavijo)
El recorrido por esta Isla será difícil de olvidar, por lo que nuevamente renuevo el voto, y prometo volver.
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Publicado el Sábado, 19 de Julio del 2008 por
Jesus Dominguez
Aunque pocos lo saben, nació llamándose Flora, y claro está, en primavera.
Cuando uno descubre a Pizarnik piensa que, tal vez, venía de otro mundo. Cuando intentas adentrarte en sus letras piensas que ese otro mundo habitaba en ella. Y cuando bebes de su sangre entiendes que ella era un mundo. Un mundo que no se sostenía en el carbono ni en el agua.
Un mundo con su civilización propia y sus leyes (o no leyes), un mundo con su clima y su espacio, su viento y su mitología. Un mundo cuyo único alimento fue la poesía; cuya única tormenta fue la poesía; cuya única existencia fue la poesía. Un mundo que no se entiende totalmente desde este otro mundo. Un mundo con muchos siglos porque todo iba tan deprisa como el corazón de un colibrí. La noche y el día pareciera que tornaran cada dos minutos, amor y desamor cada cinco; cada cuarto de hora una guerra y cada veinte minutos un parto y así gira que te gira como una bicicleta panza arriba.
Hay que ser valiente para querer a Pizarnik. Su poema es un revólver. Tiene la intensidad y la tardanza del segundo que precede a la presión del gatillo; y la certeza y contundencia de una bala.
No sé si el Dios creador de todo lo que existe es el mismo del mundo Pizarnik, pero de ser así he de decir que su muerte es, sin lugar a dudas, uno de sus múltiples fracasos; no así su sufrimiento… que no fue en valde.
El 25 de septiembre, mientras pasaba un fin de semana fuera de la clínica psiquiátrica donde estaba internada, muere de una sobredosis intencional de Seconal.
Escrito con tiza en el pizarrón de su cuarto de trabajo podía leerse: “criatura en plegaria/ rabia contra la niebla// escrito/ en / el/ crepúsculo// contra/ la / opacidad// no quiero ir/ nada más/ que hasta el fondo// oh vida/ oh lenguaje/ oh Isidoro// septiembre de 1972.
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Publicado el Martes, 15 de Julio del 2008 por
Isabel Mallén
Leo con bastante reserva un artículo del sábado en el diario El País titulado, El estrés de dejar de trabajar; lo subrayo, no tiene desperdicio. Mientras leo pienso “la gente es idiota, ¿o qué?”, hasta que, avanzando en la lectura, llego al término acuñado por una clínica austriaca para tratar a algunos pacientes que padecían una extraña ansiedad: “depresión de la tumbona”.Paro de leer porque me identifico totalmente. Ayer lunes no podía con mi cuerpo y, claro, me atribuyo el término.
Sigo leyendo y para mi sorpresa los especialistas aconsejan: “irse muy lejos” y “desaparecer”.
Aquí ya me da hasta miedo; primero, yo no estaba este fin de semana en el mismo sitio de todos los días, yo estaba en Nápoles y en París al mismo tiempo porque yo, cuando leo “tumbada en mi tumbona de playa de oferta”, voy donde el autor me quiera llevar.
Y segundo, “desaparecer”, aquí comprendí realmente mi estado de ánimo de ayer. Yo había llevado a cabo el intento de Vila-Matas en su libro Doctor Pasavento. Yo había “desaparecido” y, no con la escritura como él, sino con la lectura de su libro.
Me había colado literalmente entre la rejilla de plástico de mi “tumbona de playa de oferta” calentada por el sol de mediodía.
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Publicado el Lunes, 14 de Julio del 2008 por
Diana P. Morales
Estupenda selección de relatos que pretende dar un pantallazo de los autores más relevantes de la literatura norteamericana actual. Hombre, faltan algunos (y algunas), pero después de todo esto es un libro, no una enciclopedia. Y los que están merecen sobradamente nuestra atención.
Hay autores ya consolidados como David Foster Wallace –más conocido por sus novelas, como “La niña del pelo raro”- Dave Eggers, o Rick Moody, sin duda, uno de los escritores más originales de relatos que te puedas encontrar, aunque es más conocido por ser el autor de la novela, adaptada al cine, “La tormenta de hielo“. Y autoras, como, por supuesto A. M. Homes –cabeza visible del nuevo nihilismo made in USA, o Shelley Jackson, una experta en el delicado arte de mezclar géneros.
Por supuesto, también hay una galería de jóvenes autores, algunos muy cool, como Myla Goldberg -que compagina la literatura con su grupo The Walking Hellos y a quien The Decemberist dedican una canción- y dos de los tres “Jonathans” que se cuentan entre los mejores escritores actuales: Jonathan Safran Foer (para mí, mejor relatista que novelista) y mi admiradísimo Jonathan Lethem, en cuyas novelas y relatos fantásticos (como el incluido en este libro) se encuentran algunas de las joyas más brillantes de la literatura actual.
¿Algo en común en todos los relatos? Dice la contraportada que todos tratan, de una forma u otra, sobre “la muerte” o, mejor dicho, “la muerte de la autenticidad”… Y, sí, hay como una ronca melancolía que respira tras estos cuentos, pero los temas son muy distintos y también los estilos. En Lethem hay pura ironía y hasta humor en una historia donde la gente se transforma en “anuncios humanos” y, sin poder evitarlo, intentan convencer a los demás de que beban una marca de cerveza; en Safran Foer la incomunicación familiar deja un eco de desesperanza. Y en otros relatos aparece el absurdo, como en “Odontofilia” –una mujer a la que empiezan a crecerle dientes por todo el cuerpo- o la parodia : “¡Sé hablar!” o “Faith, o consejos a una joven que quiere tener éxito”, que se ríe de los libros de autoayuda.
Un perfecto libro para el verano: buena literatura que se bebe en tragos cortos.
Diana P. Morales
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Publicado el Jueves, 10 de Julio del 2008 por
Elisa I. Mellado
El suroeste de Túnez es la zona más típica del país, allí todo es diferente. Es la autenticidad y la originalidad. El paisaje y el clima están en armonía. El recorrido por el incomparable Sahara, dónde pude admirar los grandes contrastes entre sus oasis de montaña, palmerales y el extenso mar de arena.
Una región dominada por el Gran Desierto, donde es posible contemplar las panorámicas más sorprendentes del país: El Gran Erg Oriental es la mayor zona de dunas del planeta. Se puede acceder desde el poblado de Douz o los Chotts, grandes depresiones salinas que ofrecen una visión de inmaculada blancura que, con el reflejo de los rayos solares sobre el suelo genera espejismos, nunca imaginé que pudiera visionar este fenómeno tan sorprendente como bello.
Esta vez hablaré sobre los escenarios en el cine, aunque reconozco que no es mi debilidad. Lo que me ha motivado, y he creído interesante comentar sobre el tema, surgió durante mi recorrido. He visitado ciudades y pueblos que fueron escogidos por los directores más importantes del Séptimo Arte para rodar sus films, y en éstos se basan mis explicaciones. Hay que tener en cuenta que existen muchas peliculas que se han filmado en este territorio del Sahara, sobre todo americanas e inglesas; es obvio mencionar las producciones nacionales. Es reconocido que, Túnez es un excelente lugar que se adapta para rodar películas que transcurren en cualquier otro sitio del mundo. Los magníficos paisajes saharianos han sido escenarios de películas más o menos conocidas. El guía que tuvimos nos informaba de cada lugar que visitábamos que estuviera relacionado con el cine. Supuse que era un buen aficionado. Como es habitual, tomaba nota de todos sus comentarios.
Desde la ciudad de Túnez, punto de salida, el itinerario circular comprendía desde el Norte al Sur del país, regresando al punto de partida por el interior: en total 14 días. Me acoplé a un grupo de once personas, todos tan
ilusionados, como yo, por conocer estos lugares. Después de varias jornadas de viaje, el primer contacto con la región desértica fue en Matmata. Está situada en el centro de una región montañosa, surcada de grietas y profundas gargantas erosionadas por el agua y el viento.Un paraje más que fascinante. Esta extraña ciudad donde sus habitantes, de etnia berebere, desde hace siglos han excavado sus viviendas bajo tierra. Son habilísimos constructores. Actualmente se cuentan unas 600 de estas casas “troglodíticas”. Las extremas temperaturas de esta zona con inviernos fríos y veranos muy calurosos, es lo que justifica la existencia de estas casas-cuevas, ya que el ambiente interior se adapta en cada estación. Su inconveniente es la época de lluvias torrenciales, no suelen ser frecuentes, pero producen grandes desastres, como el ocurrido en 1.969.
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Publicado el Jueves, 10 de Julio del 2008 por
Julian F. Snopes
Puede decirse que Dashiell Hammett fue “cocinero antes que fraile”. Algunos años trabajando para la prestigiosa Agencia de Detectives Pinkerton le dieron el material y la experiencia necesarios para desarrollar una de las trayectorias literarias más personales y valiosas del siglo pasado. Evidentemente Hammett tenía otra cosa imprescindible para escribir bien: talento.
Considerado uno de los pioneros de la “novela negra” ( o novela policiaca -o policial, como dicen allende los mares-), este autor norteamericano, nacido en Maryland, nos ofrece en sus páginas todos aquellos elementos que, a partir de entonces, van a menudear en cualquier relato que prentenda adscribirse a este género, muchas veces tachado, injustamente, de “género menor”: un paisaje urbano descarnado y hostil; unos personajes desalmados -todos, incluidos los defensores de la ley y el orden-; una violencia exacerbada y descrita sin ahorrarse ningún tipo de detalles; un estilo cortante -frases breves, descripciones “asépticas”, abundancia de diálogos-; y un vivísimo ritmo narrativo.
Cosecha Roja, La Llave de Cristal o El Halcón Maltés, son algunas de las novelas que le dieron merecida fama. Cualquiera de ellas es altamente recomendable. Sin embargo, para aquellos que aún no hayan descubierto a Hammett, les sugiero la lectura de una compilación de relatos protagonizados por el personaje que da título al libro: El Agente de la Continental.
Este detective (cuyo nombre no se nos da a conocer en ningún momento), dista mucho de ser un héroe “al uso”. Gordo y no muy bien parecido, violento, cínico y misógino, persigue una única meta: atrapar a los infractores de la ley y conseguir que los “enchironen” -y, en algún caso, que los ahorquen-. Y si las anteriores son las características que “adornan” al protagonista de estos relatos -que, no se olviden, trabaja siempre del lado de la ley-, imagínense ustedes la calaña de los que se deslizan por el escabroso mundo de la delincuencia.
Reconozco que el argumento puede resultar, con frecuencia, enrevesado -a veces hasta el paroxismo casi- pero, no se preocupen, el argumento aquí es lo de menos. Lo de más, la descripción de ambientes y personajes, la “atmósfera” lograda con una narración aparentemente simple -pero tan difícil de conseguir-.
Sí señor, el mundo del “hampa” en estado puro y duro. Robos, asesinatos, tráfico de alcohol -Hammet escribió casi toda su obra durante la vigencia de la “Ley Seca”-, tipos violentísimos
(casi sádicos) -como el Menda, que da nombre a uno de los mejores relatos del libro-, otros más refinados -como “el chino” de ” La casa de la calle Turk” o “el francés” compinche de “el menda”-, soplones deleznables -como Grout “el gordo” de “La muchacha de los ojos de plata”-, y, por supuesto, mujeres fatales, capaces de llevar a la perdición al más pintado con tal de satisfacer sus más fútiles caprichos - el Agente define a una de esas “muñecas” tal que así: “Era tan bella como Lucifer. Y dos veces más peligrosa.” En esta “selva” se sumerge y con estos tipos se enfrenta nuestro detective que no duda en utilizar métodos, digamos, “poco ortodoxos” para salir siempre airoso de los trances más complicados.
Ya saben, si quieren pasar un buen rato y, lo más importante, si quieren disfrutar de buena literatura, dénse un paseo por las calles de San Francisco (años veinte) de la mano de este fino diseccionador de las zonas más oscuras del alma humana - Por cierto, también puede arrancarles de vez en cuando una sonrisa. Si no, miren como describe a uno de los policías que aparecen en el relato titulado “La Muerte de Main”: ” Begg era un peso pesado con la cara plagada de pecas, tan afable como un cachorro de San Bernardo, pero menos inteligente”-.
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Publicado el Jueves, 10 de Julio del 2008 por
Diana P. Morales
Qué gusto leer un libro de ciencia-ficción tan bien escrito. Mira que es uno de mis géneros favoritos, pero hay que reconocer que muchas veces parecen informes de un científico que sólo ha leído novelas baratas del oeste de los años 50. (¡Cuánto daño ha hecho Asimov!)
No es el caso de Silverberg: desde la primera línea te atrapa. Quieres saber más de ese lejano planeta tan estricto –Borthan- en el que la palabra “yo” está prohibida y en el que hablar uno mismo es algo vergonzoso. Una sociedad en la que el individualismo es obsceno, y sólo importa lo colectivo.
Viniendo de un escritor norteamericano, uno podría esperar que este argumento diera como resultado una alegoría anti-comunista… pero ni por asomo. Silverberg es más inteligente que eso. Como toda buena ciencia-ficción, esta distopía describe –y critica- una sociedad que hunde sus raíces en la nuestra.
Aunque no llega a las (altísimas) alturas de “El libro de los cráneos” -obra maestra de Silverberg también publicado en esta misma editorial,- “Tiempo de cambios” es gran novela de uno de los autores imprescindibles de la ccff actual.
Diana P. Morales
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Publicado el Domingo, 6 de Julio del 2008 por
Diana P. Morales
Puede que sea, tras “La carretera” de Cormac MacArthy, uno de los libros más terroríficos que he leído. Sólo que, a diferencia de aquel, todo lo que sucede en “Sin flores ni coronas” es realidad. Ha sucedido. El Horror, así con mayúsculas. Y descrito con una delicadeza que deja KO a cualquier lector.
Odette Elina es una superviviente de Auschwitz. Y de Bikernau. Sí, sí, ya sé: todos hemos oído -y visto en películas y documentales- lo que sucedía allí. Y, sin embargo, este libro es diferente. Por supuesto, se narra la increíble crueldad de los campos de concentración y de los nazis, pero ¡qué poco hemos oído sobre la crueldad de los propios presos, condenados a transformarse en bestias, en bárbaros sin escrúpulos, para seguir adelante! Eso no se veía en “La lista de Schindler” ni en “La vida es bella”…La misma autora explica en el prólogo que, con el tiempo, entendió que había personas que llevaban años allí y que “la furiosa necesidad de sobrevivir les convirtiera en animales de rapiña”.
Pero hay otro aspecto distinto en este libro que lo convierte en una obra mayúscula y es que Odette Elina escribe de forma magnífica; es deliciosamente lírica cuando describe a alguna de sus compañeras de barracón, o el pañuelo que compró por dos raciones de pan; y es tajante y directa en otros momentos. Y por eso es un libro que se lee con mucho agrado, a pesar de lo que cuenta. Y los pasajes se disfrutan, como los de la buena prosa.
Leí hace poco que el director de la editorial se lamentaba de que no estaba teniendo las ventas esperadas; y, añadía que era una lástima, porque habían creado la editorial prácticamente para editar este libro. Desgraciadamente, al gran público lo que le va es la novela histórica y las aventuras; pero hay libros que, en cualquier caso, necesitan ser editados, ya lleguen a cuatro personas o a cuatro mil. Y éste es uno de ellos, sin duda.
Diana P. Morales
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Publicado el Viernes, 4 de Julio del 2008 por
Isabel Mallén

En la gran biblioteca virtual que Google quiere construir en Internet se acumulan ya un millón de tomos, escritos en 40 idiomas distintos, digitalizados en un centenar de países, a los que se puede acceder a través del buscador de libros (books.google.es).
No es una fantasía. Imposible barruntar hasta dónde llegará el almacenaje virtual. No hay límite previsto, según Luis Collado, responsable del área de búsqueda de libros de Google. De momento, 20.000 editoriales y 28 bibliotecas (Oxford, Harvard, Stanford y Nueva York, entre otras) han aceptado la oferta para digitalizar sus fondos y colgarlos en la web desde que la iniciativa se lanzó en 2004.
La primera institución española en sumarse fue la Universidad Complutense de Madrid, seguida de la Biblioteca de Cataluña. “Marcará un antes y un después en el acceso al conocimiento, hoy en día más del 90% de la humanidad no tiene fondos accesibles”, indicó el director de la biblioteca José Antonio Magán.
La única diferencia entre países puede depender de las leyes que regulen la propiedad intelectual. Porque el proyecto defiende los derechos de autor. Sin embargo, las obras con copyright permitirán sólo una consulta limitada a ciertos extractos y ofertarán opciones de compra online o listados de librerías cercanas. Es el equivalente a hojear un volumen en una librería.
Me estoy preguntando cómo aumentará mi lista de favoritos.
Referencia: diario El País.com
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Publicado el Jueves, 3 de Julio del 2008 por
Reyes Caceres
En uno de los días que estuve firmando en la pasada Feria del Libro de Madrid coincidí en la caseta con Maritza López-Lasso, escritora panameña afincada en Suiza. Intercambiamos nuestros poemarios y la lectura del suyo ha supuesto una agradable sorpresa. Poemas breves, suaves y nostálgicos que arrancan de la vida cotidiana, mostrando un mundo interior. A veces los versos son intimistas, en otros momentos lanzan un mensaje global dejando al desnudo la deshumanización de nuestro primer mundo. Hay poemas escritos a través de los sentimientos del exilio. La autora recuerda su tierra -Panamá- su infancia, sus tradiciones, como en “Nostalgia”:
“Recuerdo a mi abuela,
la de piel de azúcar y tabaco,
mulata enorme en su estatura y en su amor;
y a la española,
la abuela de pañuelos albos
y lunares de plata.
Es cierto, la nostalgia me lame los dedos
y, mientras, el tiempo se me escapa,
inexorable,
como las lágrimas que humedecen el papel.”
Si avanzamos en el libro nos encontramos con imágenes rescatadas de la naturaleza que nos hacen oler y oir el sonido de la lluvia o el movimiento de las palmeras. Los deseos están expresados pero contenidos. Son evocaciones que reflejan amor a las raíces y a la propia identidad. Termina el poemario con venticinco haikus que nos dejan el sabor hondo y fugaz de los sentimientos:
“Sobre la piedra
mi sombra reposa.
Sol en mi nuca.”
“El corazón con que vivo”
Maritza López-Lasso
Editiorial Verbum, 2008, 64 pags.
¡Hasta agosto!
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